La hidroterapia de divide en dos grandes grupos: interna y externa. En la hidroterapia externa, generalmente, se distinguen tres tipos fundamentales: los baños fríos, los calientes y los que alternan agua fría y caliente.

El principal efecto del agua fría es tonificar y revigorizar. En principio, provoca palidez y frío en la piel, pero a medida que se prolonga su aplicación, al dilatarse las pequeñas arterias epiteliales, se produce un leve color sonrosado.

Debe evitarse en personas con problemas cardíacos o tensión nerviosa. De todos modos, el cuerpo siempre necesita un período de adaptación lo que permite tolerar sin problema el agua fría. Se recomienda comenzar con una esponja para luego pasar directamente a la ducha fría.

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